Colgante Space Invader
Colgante de Space Invader, un detalle friki nostálgico exquisito.
Un salto hacia las llamas del recuerdo

El regreso siempre me supone un salto al vacío desde mi retiro espiritual hasta esa ciudad envuelta en las llamas del recuerdo.
No existe dolor más allá de la nostalgia ni hay peor compañera que la tristeza, así pues, no pienso abrazarla ni un segundo más de lo necesario: un simulacro nocturno de juventud me espera.
A estas alturas tengo cerveza hasta en el alma, soy el guardián de mis pecados y he aprendido a contar las cosas importantes en mi vida con los dedos de una sola mano.
Por eso sé que no es conveniente dejar escapar las oportunidades para ser feliz.
Háganme caso y pásenlo bien este fin de semana. Y si no, no se preocupen, yo lo haré por ustedes.
Orange. More fun together.
Las dudas ante la Semana Santa

Semana complicada para los que vamos a pringar sin minivacaciones y por encima no sabemos aprovechar las demostraciones públicas, y catárticas, de fe en estos días.
No se apuren los cristianos, a los ateos la procesión nos va por dentro. La crisis, ni nombrarla.
En estos tiempos convulsos, aferrados a nuestro puesto de trabajo como un náufrago a un madero, recordamos los años de las escapadas y los atascos con indisimulada nostalgia.
La cuestión se centra pues en disfrutar o no disfrutar a pesar de todo, aunque me temo que es mejor no darle muchas vueltas y, como diría un dermatólogo, ir al grano.
Si nosotros no lo hacemos, habrá quien se ocupe de hacerlo por nosotros.
Kenwood. Easy ride.
El cariño por el primer coche

El ser humano tiene una curiosa facilidad para encariñarse con ciertos objetos inanimados, sobre todo cuando los asocia a momentos felices en su vida.
El primer coche, como la primera novia o el primer trabajo, queda grabado en la memoria a fuego aunque no nos hubiese dado más que problemas.
No es mi caso. El Ford Orion de mi padre, vehículo que mejoré aerodinámicamente acariciándolo contra todas las columnas que me fui encontrando, de manera inexplicable superó los 20 años de edad, y yo con él.
Cuando uno se deshace de una reliquia como esa sabe que con ella se va una parte importante de su propia historia personal y secreta: capítulos inolvidables, momentos penosos y gloriosos. Nostalgia pura y dura, señores.
Mini. Trío.
Feliz año 2009

Añoro caminar por la maraña de piedra de la ciudad inmortal que aún hoy impregna mi alma perezosa. Pero ya no podrá ser en este año que acaba.
Escribo otra entrada que es siempre la misma entrada. Mis pensamientos se derraman sobre el teclado, lacios como el pelo de un ahogado mientras siento el fragor de la noche detrás de esta búsqueda estéril.
Enciendo otro cigarro, abro otra ventana. Se me cuelan más sombras, más preguntas, ninguna respuesta. Y este cansancio infinito.
Repaso el blog. Me conjuro para conseguir ser brillante. El año que viene, si acaso. Poder iluminar con talento a mis escasos lectores, diletantes pacientes que aún hoy, ahora, esperan encontrar aquí no sé muy bien lo qué.
Pero la felicidad aporta pocas ideas originales.
Por lo demás, no encuentro ni un vídeo miserable que resuma para mi este año 2008… ni la nostalgia que me invade al despedirlo.
Espero al menos que sean ustedes tan felices en el que viene como yo lo he sido en el que se ha ido.
Feliz 2009.
La ropa que nos desnuda
A nadie se le oculta que en cuanto empiezan la primavera y los primeros calores, los escotes aumentan y empiezan a vislumbrarse las piernas que ahora se esconden tras medias tupidas y esos malditos pantalones.
Metidos como estamos en pleno invierno nos asalta de vez en cuando la nostalgia de tiempos más propicios para el sentido de la vista.
Es cierto que hay quien gana (y mucho) vestido. Pero no es el caso, el mío por lo menos.
Habremos de encomendarnos a la imaginación, arma poderosa, en estos duros meses de frío y lluvia. O convencer al resto de que estar en pelotas es el estado natural del ser humano. Casi nada.
Comfort. Makes clothes irresistible.
La plaza es mía
La entrada de hoy es personal, aviso.
Quiero confirmar a todos los que me leen que por fin he tomado posesión de una plaza en propiedad en la administración pública. En el sitio que yo quería y en el puesto que yo deseaba. Los que me conocen entenderán lo que eso significa.
Abandono una ciudad a la que amo y eso me deja el corazón como una piedra mojada. Compostela siempre será parte de mi.
Pero no quiero llenarme de nostalgias. Hoy no.
Ahora me toca cambiar un montón de cosas. Adaptarme a nuevos compañeros, nuevas formas, horarios, hábitos y costumbres… Estoy feliz, créanme. Desde ya quedan TODOS invitados a una cerveza virtual, así que pónganse a la cola.
Heineken. A los que me conocen, no se corten, pídanme una Estrella cuando me vean.
Máquina de escribir de madera
Esta máquina de escribir de madera es obra del artista japonés Boku Matsumoto en cuya página podreis ver más objetos de la vida cotidiana realizados en madera y cobre.
De todos ellos y sin saber por qué me he quedado prendado de este teclado, creo que ha sido pura nostalgia. Uno que se va haciendo mayor.
Vía | Boing Boing
El ratón ‘steampunk’ (retro)
Ayer comentaba sobre la nostalgia que nos da el desprendernos de los objetos del pasado, sobre todo cuando su uso y disfrute nos han hecho felices en algún momento de nuestras vidas.
En cierto modo el movimiento Steampunk utiliza esa nostalgia y la pervierte para convertir objetos actuales, los que nos hacen felices hoy, en instrumentos que pretenden emular un pasado ficticio.
Esto requiere imaginación, por supuesto, y bastante tiempo libre también, por qué no decirlo.
Si quereis construiros un ratón como el de la imagen, por ejemplo, sólo teneis que seguir los pasos que se os indican en esta página.
Será la combinación perfecta para este teclado y esta pantalla.
El teléfono móvil y la nostalgia
Que sí, que desde que tengo el móvil nuevo puedo hacer fotos cuando me da la gana, lo cual no deja de ser una peligrosa costumbre en las noches largas, siempre aderezadas con bebidas espirituosas.
Además puedo dar la tabarra enseñándolas después. Grabar vídeos horrorosos de detalles insustanciales. Descargar el politono de las Mamachicho. Escuchar música, jugar al tetris o dejarme la nómina en internet.
Vamos, que no me la chupa por que no se lo pido.
Vale, se lo he pedido y no ha querido hacerlo. . . pero a lo que iba, que me disperso.
Mi madre me ha pedido que le preste mi viejo móvil, compañero de fatigas hasta hace unos meses y al dárselo he sentido un ramalazo de nostalgia difícil de explicar, como si por él hubiese pasado una parte de mi vida.
Por que yo también me hago viejo, la ciencia avanza que es una barbaridad y a mí cada vez me gusta menos trabajar. Esto último no viene al caso, pero es verdad.
Personalmanía. ¿Tenés un celular que te da vergüencita? [vía]















