Entregado a la catástrofe
Todo esto ha sido una entrega a la catástrofe desde el principio. No podía ser de otro modo, claro.
Y hablo de mi, por supuesto. Qué esperaban.
Ahora me ha dado por hacerme el gracioso en Twitter, ya ven. Si no hago el mamarracho no me quedo a gusto.
Y van pasando los días. Dicen que asoma el verano, no sé.
Lo único que necesito es relajarme un poco. Un viernes es un buen día para recordarlo.
La insoportable brevedad del ser
No estoy aquí para aburrirles con letanías, al fin y al cabo, cada cual tiene sus cuitas, sus prisas, sus desvelos y bloggers llorones hay un ciento, que google los acoja en su seno.
Ya sé que esta página no es lo que era o lo que a mi me gustaría que fuera, qué se le va a hacer.
En mi cabeza sin embargo siguen bullendo ideas sueltas pero harto de no tener tiempo de presentarlas aquí con un poco de decoro las vuelco en Twitter que se ha convertido en mi particular repositorio de chascarrillos.
Tonterías absolutamente efímeras concentradas en menos de 140 caracteres. La gloria.
Si me ven por allí no tengan miedo a saludarme, soy un antisocial pero me lavo las manos con frecuencia.
Olé.
Despertar
Foto: Achim Lippoth
Tus ausencias claman un minuto de silencio.
Esa calma de la mañana que ya no disfrutas
te echa de menos, al igual que nosotros.
Te recuerdo tranquilo, ausente,
disfrutando del mundo que da una hora.
¡Cuánta vida en tan poco tiempo!
Te imagino alegre, sonriente
a pesar del llanto y el desvelo.
¡Cuánto tiempo por sentir así la vida!
Casi todo lo vivido es sueño y hoy
despiertas de nuevo, vivo, pero sin tiempo.
Oky
¿Queda alguien ahí?
No me miren raro: jamás he tenido esas pantorrillas y los arañazos que recibo son el resultado de intentar calmar a las pequeñas fierecillas que me tienen secuestrado.
No hay superhéroe que lo resista.
Por eso he mandado el traje del Barón Rojo al tinte, con la esperanza de que en el regreso luzca más mi apostura natural.
Mucho Hello Kitty, poco entretenimiento y nada canalla: me convenía una pausa.
Lamerme las heridas, cubrirme con mis atavíos de macarra ilustrado y salir a la calle como ustedes me recuerdan.
Por cierto, ¿queda alguien ahí?
Liaison Dangereuse Sexiness for everyone Vía ChiquiAds
Ya tengo la parejita
Foto: Rotfilter
Como habrán podido inferir mis lectores más avezados por fin ha llegado a mi vida el único factor que ha conseguido mantenerme alejado del ordenador casi una semana. Ni siquiera mi primogénito lo había conseguido.
Efectivamente, ya tengo la parejita. ¡Albricias!
Ahora toca lidiar otra vez con noches en vela, pañales, biberones y toda la parafernalia que acompaña la paternidad. Incluido los celos del mayor.
Ya estoy bostezando así que mejor les dejo con un vídeo de esos bonitos en los que salen niños y tal.
Cuidense, yo no he sabido hacerlo.
Anticipando celebraciones
He decidido celebrar mis primeros 5 años blogueando con 15 días de antelación, por si acaso se me ocurre dejarlo.
Después de todo este tiempo, 1500 entradas, 7000 comentarios, un montón de visitas y tal… he comprobado que mi necesidad de dar la tabarra tiene el contrapunto perfecto en ustedes, puñadito de incautos que permanecen fieles a mis bandazos cibernéticos.
No les voy a dar las gracias por que no las merecen.
Así como también les digo que todo este trabajo está suficientemente amortizado con sus visitas.
Si no existiesen los blogs estaríamos dando la brasa de algún otro modo así que disfrutemos mientras podamos del invento.
¿Lo vamos a arreglar entre todos?
Visto en Halón Disparado
El viaje del blogger.
Foto: Hugh Kretschmer
Alejado de imposturas que delatan más que ocultan mantengo el seudónimo por pereza y costumbre.
Apenas me queda espacio para la lírica extrema, por la que hubiera asesinado con gusto hace tiempo, y la búsqueda de lo intangible me lleva con frecuencia a distracciones banales, callejones sórdidos y fetiches personales.
Por el camino: vanidad por un tubo, algunos palmeros y salir convertido en el mismo hombre, casi cinco años más viejo.
No sé si hacían falta estas alforjas, pero uno es previsor y ya se sabe.
No se preocupen, sigan a lo suyo.
Vicios confesables
Foto: York Christoph Riccius
No me miren así. He ido depurándome hasta quedar sentado delante de este monitor como si fuera mi último vicio confesable.
Miro al teclado como un analfabeto. Debajo de sus teclas se hallan las palabras precisas pero no acierto a encontrar el orden, un patrón, ese código imprescindible. Se me escapa.
Apenas me quedan balas, no recuerdo mi última copa y me miran en los espejos adultos que no me reconocen.
Mi identidad digital forma parte de un bestiario inmenso plagado de brillante mediocridad: crisol de amalgama y desahogo. Y me siento a gusto.
Ya ven, a veces necesitamos corretear desnudos, no pregunten porqué.
Un tipo normal
Mi parálisis creativa se ha vuelto tan acuciante que amenaza con afectar al resto de mis capacidades.
No es porque yo lo diga, pero hubo un tiempo en el que era bastante ingenioso. Unan eso a mi enorme atractivo y podrán imaginarse por qué fracasé completamente en los estudios.
Una vez que conseguí reconducir la situación – no sin esfuerzo- arraigó en mí la idea de que era un tipo normal, sin ninguna particularidad que me significara como alguien especial. ¡Fue un shock! Afortunadamente, no pasó mucho tiempo hasta que volvió a generarse la confianza que siempre me he tenido.
En la actualidad he conseguido entablar una buena relación entre mi yo idealista y mi yo realista. El primero soy yo en estado puro, sin limitaciones. El segundo me sirve para nadar hacia mis sueños sin ahogarme.
Precisamente eso, nadar sin riesgo de ahogarme, me convierte en uno más. ¿Merece la pena?
Oky.
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